RAÍCES - Artículo de opinión

Lucía Márquez Garrido, 2º Bachillerato B

RAÍCES

Hoy en algún colegio de la provincia de Málaga, un profesor de Biología ha repartido entre sus alumnos y alumnas una semilla de lenteja para que la ahuequen entre algodones en el vaso de yogur que debían traer desde casa. Tras el timbre, 30 caras repletas de ilusión dejan las futuras plantas sobre la estantería al fondo de la clase y, al llegar a sus casas, les comentan entre risas la noticia a sus padres y madres, hermanos, tíos y a la abuela. Esta se extiende como la pólvora, tejiendo una red que anuncia un principio. Mientras tanto, las plantas crecen fuertes y sin temblar sobre la estantería al fondo de la clase, envueltas por el leve aroma a fresa, limón y coco.

A nuestro alrededor, incluido el momento en el que abrimos nuestros enormes ojos inexpertos, captamos día a día esas semillas que ingerimos y calan en nuestras entrañas, ahuecándose entre nuestros huesos de algodón. Sin embargo, esta vez no se trata de una lenteja. Es un: ''muy corta'', ''No tan largo'', ''Ayuda a tu madre'', ''¿Qué llevabas?'', ''Es un nenaza'',  ''La loca de mi ex'', ''Te ha empujado porque le gustas'', ''Empezaste tú calentando'', ''¿Y por qué no dijiste nada?'', ''No exageres, que no es para tanto''.

 

 

Y cuando cumples 16 años las raíces de la planta son casi más fuertes que tú. Y entras gratis a la discoteca porque como carnaza, atraes clientela. Y te tocan en el metro aprovechando la conglomeración de gente. Y tus amigos hacen chistes sobre violaciones, como la que sufrió tu amiga a los 8 años. Y te gritan desde un coche en plena tarde. Y vas con las llaves escondidas en el puño al volver a casa. Y es tu culpa, por no haber sabido defenderte. Y qué bruja eres, dejándole con las ganas. Y cobras menos que tus compañeros. Y ''tienes suerte'' porque tu marido ''te ayuda con la casa'' y ''te hace de niñera''. Y el sistema se inclina ''a tu favor'' porque tan sólo te ve como una máquina de crear vida y cuidar del hogar.

Y si no denuncias es tu culpa, por tonta.

Y si denuncias eres una amargada que busca atención. Y eres una despechada. Y te culpan a ti, víctima. Y te someten a un proceso lento y que atenta contra tu integridad psicológica. Y no les basta con tu testimonio, mil pruebas y un vídeo. Y aceptan que un detective privado, mandado por parte de un agresor, te siga mientras intentas rehacer tu vida. La manada no son solo cuatro o cinco, son muchos más y están por todo el mundo. Están en la audiencia de Cantabria al condenar a un hombre a sólo tres años de cárcel por abusar repetidas veces de una menor de cinco años. El juez dictaminó que la niña no se quejó ni opuso resistencia; o en un tribunal de España, que redujo la suspensión impuesta a un militar por sus condecoraciones militares y su servicio en Afganistán, a pesar de que había agredido a su mujer.

Y si denuncias el mundo te da la espalda porque admira a tu agresor, cuya carrera sigue triunfando en Hollywood, como es el caso de Johnny Depp; o prefiere creer la falsa e idílica fachada de John Lennon mostrada en Imagine.

Y si denuncias, se saltan la orden de alejamiento y para los medios de comunicación has sido hallada muerta, nunca te han asesinado. Y ya ascienden a más de cuarenta mujeres en España asesinadas por la violencia de género durante 2017 junto a otros menores, hijos de las víctimas.

Y siguen siendo frecuentes también en 2017 los abusos a las mujeres más vulnerables del sistema que les da la espalda. Mujeres aún expuestas a la ablación y al matrimonio infantil. A la trata de mujeres y a la necesidad de ejercer la prostitución.

Sin embargo, a lo largo de la historia, la mujer no ha sido sólo víctima de abusos y vejaciones, diana de bromas, sangre y maltrato. También ha sido dotada del don de la invisibilidad. Érase una vez el hombre, pero nunca la mujer. Siempre Neil Armstrong, pero nunca Margaret Hamilton. Siempre Rafael Alberti o Federico García Lorca, pero nunca Las Sinsombrero. Siempre Picasso, pero nunca Lili Elbe o Margaret Keane.

Las mujeres nunca hemos sido voces dormidas. Hemos sido voces silenciadas. Flora Tristán, Marie Curie, Virginia Woolf, Simone de Beauvoir, Isabella Van Wagenen, Clara Zetkin, Gloria Fuertes, Malala Yousafzai. Lucha eterna contra la semilla.

Ahora arranquemos las raíces.

 
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